Asuntos Públicos – Que aprenda a negociar

Eduardo Coronel Chiu

Que aprenda a negociar

No le gusta al gobernador Miguel Ángel Yunes el gobierno democrático, menos la división de poderes; su personalidad autoritaria y tendencias conocidas al abuso de poder están obstruyendo la construcción de acuerdos con las diversas fuerzas políticas que representan a la pluralidad de la población del estado.
Aparte de sus desplantes de tirano, perseguidor perverso de sus adversarios políticos, con el uso punitivo y propagandístico del aparato de (in)justicia del estado, su incapacidad de diálogo y negociación quedó expuesta en sus relaciones con la oposición en el Congreso del Estado. Concretamente en el rechazo que finalmente tuvo su iniciativa de reestructura de deuda pública este martes, donde no pudo alcanzar los votos que requería.
El gobernador Yunes se le ve cómodo en escenarios de ventaja y control de la situación; luce en una estructura vertical con posición dominante o como único o protagonista de mensajes unilaterales. El diálogo y el espacio democrático entre fuerzas equilibradas no parece ser lo suyo, pero cuando no tiene el control del juego como en la división de poderes –en la relación Ejecutivo-Legislativo actual– está obligado a aprender a negociar.
Pese a que topó con pared, no rectificó su estrategia y en vez de conciliar, arremete contra los que no le otorgaron el cheque el blanco para la sustitución de deudas; Yunes y sus aliados presentaron el asunto sin transparencia pero con gran alarmismo, apruebas o el apocalipsis y no ofreció tampoco incentivos a la oposición.
Legitimidad equivalente
Después de la derrota, Yunes volvió a la ofensiva; echó a andar una estrategia para manipular a la opinión pública en contra de los diputados que rechazaron su propuesta. Condenó la negativa señalando irresponsabilidad y falta de compromiso “con Veracruz” de los diputados del PRI y Morena, advirtiendo que en los meses subsecuentes su gobierno se quedará sin dinero por la carga de deuda, eso dice, pero nadie le cree.
Eso sí, su mensaje como de spot aparentaba que su origen como gobernante es de otra naturaleza; como si fuera distinto y superior al de los diputados, cuando que tanto uno, como los otros, tienen la misma legitimación democrática; todos proceden del voto popular, cada quien para su cargo, responsabilidad y competencia legal y política; no es superior el Gobernador al Poder Legislativo. En términos de un gobierno democrático y el estado de derecho, no vale más la voluntad de Yunes que la colegiada del Poder Legislativo, cada uno en su esfera de competencia; si la Constitución Política ordena la cooperación entre poderes para formar una decisión gubernamental –como lo es la autorización o no de deuda pública– a ello se deben someter los representantes de las instituciones.
Parece que se la cree Yunes cuando se ostenta como la encarnación del interés general del estado, el portador del “mandato de cambio”, omitiendo que más del 65% del electorado no votó por él; es una ficción de sólo el 34.4 % de los votos. De igual forma en el Congreso la coalición de Yunes, PAN-PRD, obtuvo el 33% de la votación, y con ello se sienten los dueños del Congreso, pero ya vieron que no es así. La legislatura se dividió 25 contra 25, ni siquiera se inclinó para una mayoría absoluta. Les tocó candado, freno y contrapeso.
Al gobernador Yunes y a sus coaligados les han tenido que recordar que el mandato electoral de junio pasado no concedió mayorías absolutas, sino un poder fragmentado; si no aprenden a negociar con el PRI y Morena seguirán atascados. ¡Qué PRI-MOR!
Improcedentes
Las bancadas legislativas del PAN y del PRD hicieron el ridículo ayer con la propuesta a “su gobernador” (se ve que éste los mandó) de que declare una moratoria o suspensión de pagos a las instituciones bancarias acreedoras. Es imposible jurídicamente; no tienen ningún argumento legal para evitar que la Secretaría de Hacienda siga descontando al estado de las participaciones en impuestos los montos contractuales pactados y los disponga al pago de los adeudos, no depende de la voluntad del deudor; tendrían que poner a Tula de Secretaria de Hacienda y que le obedeciera.
Es otro tema tan fuera de lugar como la separación del pacto fiscal que planteó Yunes en diciembre. El objeto del show era más bien exhibir a los diputados que no les siguieron el juego como los responsables de que no habrá dinero ni para sueldos; eso dicen con sus escenarios alarmistas, tanto Yunes como sus chalanes en el Congreso, pero hay la sospecha de que quieren quedarse con el excedente que dejen las operaciones de sobreendeudamiento.
Las alternativas
Según el gobernador Yunes, con el refinanciamiento de 46 mil millones a 37 años buscaba ahorrar 1,600 millones de pesos en dos años (todo aplicado para lo que él disponga), sin la reestructura, dice que a partir de julio Hacienda va a retener el 67 % de las participaciones y en agosto el 100%, eso dice, pero como se ha manejado sin transparencia, nadie en la oposición se lo cree.
En todo su rollo retórico para el manipuleo de la opinión, encontramos un punto que vale la pena explorar. Dijo que analiza la posibilidad de negociar directamente con la banca, sin la autorización del Congreso, lo que debería intentar, a ver si es cierto que puede obtener una mejora en la tasa de interés, como dice que obtendría, sin incrementar el saldo insoluto, es decir, sin aumentar la deuda ni mover el plazo. Este supuesto de la Ley de Disciplina Financiera suena a fantasía.
Si va con los bancos debería aprovechar para obtener propuestas concretas, en vez de vaguedades; regresar al Congreso con información suficiente y confiable, con proyecciones financieras que demuestren que habría ventajas en la reestructura de la deuda, que clarifique el destino especifico del ahorro o excedente, no su disposición discrecional.
En vez de seguir golpeando a la oposición y sostener su guerra mediática, Yunes debería abandonar las actitudes soberbias, tener la humildad de aprender a reconocer el balance de fuerzas, la división de poderes; aprender a dialogar y a construir acuerdos en un plano de respeto e igualdad; algo que se ve remoto para su perfil autoritario. En unos días más tendrá que volver a lidiar con el Congreso; los diputados recibirán su propuesta de ajuste al Presupuesto de Egresos, conforme se aprobó en los transitorios de diciembre pasado, volverá a la lata de la división de poderes.
Las que tiene que pasar un tirano expuesto a la democracia plural y el estado de derecho. Le gusta más el circo. Ni modo.