Serpientes y Escaleras – Del Mazo; cuando la disciplina paga

Salvador GarcÍa Soto

Entre las dos veces que Alfredo del Mazo estuvo frente a Enrique Peña Nieto para hablar de la candidatura del PRI al gobierno del Estado de México, hubo un lapso de casi seis años y una diferencia abismal para el joven político mexiquense. La primera vez, el 27 de marzo de 2011, en el Palacio de Gobierno de Toluca, Peña siendo gobernador llamó a Del Mazo para decirle personalmente que él no sería el candidato a la gubernatura y pedirle su apoyo para Eruviel Ávila; la segunda vez ocurrió el pasado 26 de febrero en Los Pinos, en donde Peña presidente le dijo a Alfredo que esta vez sí era el candidato a gobernador y ahora le pidió a Eruviel y al resto de los precandidatos priístas, presentes en una comida en la casa presidencial, su apoyo total para el elegido.
Cinco años y 11 meses pasaron para que Del Mazo, que en 2011 se quedó en la raya y ya con apoyos y empresarios listos para invertir en su campaña, supiera que, al menos en su caso, la disciplina política y partidista a veces paga. Porque aquella vez cuando el propio Peña Nieto le pedía hacerse a un lado, el entonces alcalde de Hixquilucan recibió la noticia como un balde de agua fría y con todo el impacto y la frustración en lo personal a sus aspiraciones; pero en lo político la respuesta del joven presidente municipal no pudo ser más “ad hoc” para los intereses del entonces gobernador y en la tradición institucional del mítico Grupo Atlacomulco: “Si eso es lo mejor para su proyecto, gobernador, yo acepto y cuente con todo mi apoyo para el candidato Eruviel Ávila”, cuentan que respondió en aquella incómoda situación en el despacho de Toluca.
Y en ese sexenio transcurrido, el tercero en la dinastía Del Mazo pasó de la frustración personal a terminar su gestión como alcalde, desde la cual coordinó a los presidentes municipales priístas en la campaña de Eruviel, para luego ser cobijado por su primo en octavo grado en 2012 e integrado al equipo de Luis Videgaray como director de Banobras. En 2015 le llegaría la candidatura para ser diputado federal de mayoría por el complicado distrito 18, dominado por el PAN en la entidad mexiquense, y tras su llegada a San Lázaro un año después, Eruviel Ávila le devolvería un primer pago por aquella disciplina al promoverlo para que se quedara como presidente de la Comisión de Presupuesto, con el aval del mismo Videgaray, en sustitución del tamaulipeco Baltazar Hinojosa, que se fue a perder como candidato en su estado.
A partir de ahí Del Mazo comenzó a tejer su segundo intento por una candidatura en la que su apellido, el cargo, sus relaciones, su capacidad de disciplina y también una mayor experiencia política, lo llevarían a colocarse como el priísta mejor posicionado en las encuestas. Fueron meses en los que, con el aval del gobernador y del Presidente, el diputado se movió para posicionar su imagen y sus aspiraciones lo mismo en informes legislativos con propaganda oficial, que con visitas y recorridos constantes por el estado. Junto con él dejaron moverse a otros cinco aspirantes , los mismos que aquella tarde del 26 de febrero pasado fueron invitados a comer a Los Pinos para anunciar la decisión tomada por el Gran Elector que ya había definido al candidato, aunque en todo momento la carrera por la candidatura solo estuvo entre dos aspirantes que estuvieron en la consideración tanto del Palacio de Gobierno de Toluca como de Los Pinos: Del Mazo Maza y Ana Lilia Herrera. El resto, Carlos Iriarte, Carolina Monroy, Ernesto Nemer y Ricardo Aguilar, habían sido eliminados desde antes por el dedo elector.
No es lo mismo candidato, que seis años después. Para Alfredo Del Mazo la candidatura a gobernador llega quizás en un momento en que está más preparado, pero también en el momento más complicado para ser candidato. No hay antecedente en el Edomex de una elección tan competida y difícil para el PRI, que ha gobernado esa entidad por 86 años ininterrumpidos.
La cerrada competencia para el abanderado priísta se centra en estos momentos en dos candidatas, Delfina Gómez de Morena, y Josefina Vázquez Mota del PAN. Aunque todos los análisis y la prospectiva apuntan a que al final la pelea a tercios que hoy registran las encuestas terminará por cerrarse a dos contrincantes en la punta y un tercer lugar que se desplomará conforme se acerquen los comicios. Y esos dos contrincantes que al final se disputen la gubernatura serían, en los análisis internos que ya manejan en el PRI, Del Mazo y Delfina, con una Josefina que, en medio de las divisiones que dejó su postulación en el panismo mexiquense, tenderá a rezagarse. La pregunta es a dónde se iría el voto de los panistas inconformes con una candidata a la que sienten externa y sin presencia local en su partido. ¿Un voto azul simpatizante favorecería a Del Mazo o a Delfina?
Pero también en el PRI saben que la disputa real no será entre Alfredo y Delfina, sino entre Del Mazo y Andrés Manuel López Obrador, la figura real que sostiene el creciente fenómeno político de Morena en la entidad mexiquense. Y ahí radica el mayor reto para el tercer Alfredo Del Mazo que busca gobernar el Estado de México: ¿cómo enfrentar y frenar a un López Obrador que capitaliza el gran descontento social y la inconformidad existente hacia el PRI, hacia el presidente Peña y hacia el talón de Aquiles del gobierno de Eruviel Ávila, que es la seguridad? Ese es el tamaño del desafío al que se enfrenta el candidato priísta, un escenario que hace seis años, cuando buscó por primera vez la candidatura, no era ni siquiera pensable en el último gran bastión que le queda al PRI.
En contra de Del Mazo están el desgaste y la indignación que acompañan al PRI y al grupo gobernante; a su favor la maquinaria indiscutible del priísmo mexiquense, hoy aceitada y potenciada con toda la fuerza de los programas sociales del gobierno federal. La misma ecuación aplica a la inversa para su contrincante López Obrador y Morena, que siguen creciendo en medio del ambiente de inconformidad que dejaron entre los mexiquenses decisiones como el gasolinazo. La pregunta que algunos se empiezan a plantear es si Andrés Manuel realmente quiere gobernar el Estado de México, con Delfina Gómez como gobernadora, o si en realidad más que ganar, al dirigente de Morena le interesa arrebatarle la mayor cantidad de votos al PRI y a Peña en su propia tierra, para de ese modo mejorar sus números y sus probabilidades de ganar la Presidencia en 2018.
En todo caso, estamos a solo dos semanas de que el 3 de abril arranquen las campañas para la elección mexiquense. Serán campañas cortas, de apenas dos meses, pero no por ello menos intensas ni carentes de un inevitable componente que ya empezó a aflorar en precampañas: el golpeteo inmisericorde y la guerra sucia entre los adversarios. Será un duelo a muerte entre la movilización y la estructura priísta, con todo el despliegue de recursos, apoyos, dádivas y programas federales que ya iniciaron desde hace varios meses, en contra de una movilización social que apuesta al voto de castigo contra el PRI y el peñismo. Y en medio de esa guerra está el llamado y el reproche del presidente Peña Nieto “a todos los que tienen amnesia” sobre lo que ha hecho su gobierno. ¿De verdad querrá que se active la memoria?
Notas indiscretas… “Al candidato de tu estado lo vamos a definir acá, tomando en cuenta las opciones que tu propongas”, le dijo el Presidente al gobernador de Coahuila, Rubén Moreira, hace algunos meses. Y el gobernador, institucional, aceptó el método de elección que ha operado a lo largo de todo este sexenio. Se analizaron entonces nombres y perfiles y en alguna ocasión le preguntaron al mandatario cómo veía a la senadora Hilda Flores, que traía simpatías en el gabinete y en Los Pinos. “Es bien vista, pero el que mejor registra en las encuestas es el alcalde de Torreón”, respondieron desde Saltillo. Y así transcurrieron varias semanas y no volvió a haber llamadas ni indicaciones desde el centro. El 8 de diciembre el alcalde de Torreón, Miguel Riquelme, pidió licencia para empezar a moverse y todos vieron la señal de que era el candidato del gobernador. Pero Moreira esperaba la señal de Los Pinos para perfilar sus propuestas y saber qué decisión tomaban. No volvió a haber llamadas y, en medio del nerviosismo y el golpeteo que se desató entre los priístas, a nivel local las señales eran claras a favor de Riquelme, pero faltaba la “decisión” del centro. Y ocurrió que se agotaron los tiempos de la ley estatal y la señal desde Los Pinos nunca llegó. Riquelme se registró como aspirante a la candidatura en el PRI estatal e Hilda Flores declinó. De ahí lo que siguió ya fue automático, y el 27 de febrero el ex alcalde de Torreón fue registrado como candidato priísta ante la autoridad electoral. Fue hasta entonces que el gobernador tuvo noticias de Los Pinos. Hubo cierto reclamo porque se había decantado finalmente por el candidato a nivel local, aunque nunca lo impugnaron desde el Centro, pero tampoco le dieron la bendición final. “Qué pasó, ya vi que ya tienes candidato”, le dijeron al gobernador, que respondió que esperó hasta el final que le avisaran cuando sería recibido en la residencia oficial. “Está bien, no pasa nada, pero tú te haces responsable de que gane”, dijo el elector. Y al final, entre la complicidad y la ingenuidad, remató: “Por cierto, a ver cuándo me presentas a tu candidato, que no lo conozco”. Días después lo conoció ya como candidato… Los dados mandan Escalera. Semana de subidas y bajadas.