Asuntos Públicos – Extradición Goodfellas

Eduardo Coronel Chiu

Extradición Goodfellas

La extradición es la mejor jugada para el ex gobernador Javier Duarte, detenido en Guatemala; a todas luces la situación legal que más le conviene, puesta en bandeja para enfrentar con blindaje GoodFellas el proceso penal en México. Así que su decisión de ayer en la audiencia de notificación que le hizo el tribunal Guatemalteco, en la que no se allanó de inmediato a la extradición sumaria, es sólo un cálculo de su defensa para estabilizar el procedimiento con información completa del gobierno mexicano. Viene, viene…
Hay una gran diferencia de estatus legal en la extradición y la deportación, ésta última podría haber sido aplicada, ya que el ex gobernador ingresó ilegalmente a Guatemala, habría lanzado a Duarte al matadero; como perro sucio a que le imputaran todo; pero atendiendo a la justicia y gracia para los cuates la descartaron; optaron por la extradición, previa entrega pactada. A diferencia de la deportación, la extradición, una vía diplomática de cooperación entre Estados Soberanos, regulada en un tratado internacional, contiene explícito el principio o regla de especialidad, el cual le concederá a Javier Duarte el privilegio de sólo ser enjuiciado por los delitos y hechos por los que ahora lo requieren; una especie de cuasi inmunidad diplomática.
Además de que aunque se opusiera Duarte no se ven elementos legales para una negativa del gobierno de Guatemala para entregarlo al gobierno de México. ¿Pero porque habría de negarse si es una súper oferta?, para él, claro.
Nada nuevo bajo el sol guatemalteco
En la audiencia de ayer, el tribunal de Guatemala que instruye su extradición explicó a Duarte su detención provisional efectuada a petición del gobierno mexicano, sujeta a petición formal, en un plazo que corre de 60 días, refiriendo la causa e imputación, acompañada de la orden de aprehensión, ya conocida.
No hay novedades significativas. Se trata del mismo expediente por el que se ordenó aprehenderlo en octubre pasado, los desvíos de recursos de las cuentas del Gobierno del Estado, trianguladas a empresas fachada, compras preparatorias infladas, para finalizar comprando para Duarte el lujoso rancho de Valle de Bravo a nombre de tres de sus testaferros. No hay más. Este caso de delincuencia organizada y lavado de dinero por 345 millones de pesos son una mínima parte de todo lo que se le ha señalado. ¡Es una ganga!
Pero se aguantó Duarte ayer hasta ver el juego final del gobierno de México. Corre el plazo de 60 días –contados a partir de la detención del sábado pasado– para que formalicen la petición de manera completa, aparte de los hechos y delitos referidos para la detención provisional, la integración documental del expediente, que no le vayan a cambiar la jugada. Pero la solicitud de detención provisional ya es una condicionante de delitos y hechos.
El siguiente capítulo se verá cuando Relaciones Exteriores (y la PGR) entreguen la solicitud formal de extradición al gobierno de Guatemala.
Inocultables y cantadores
Para el anecdotario de la audiencia hubo algunas revelaciones en la lectura de los hechos delictivos que le imputan (con levedad a Duarte), entre éstos, que la banda operativa en la administración no pudo ocultar la salida sin comprobación de los 350 millones de pesos de las dependencias del Gobierno del Estado, se cita a la Secretaría de Educación como una de la fuentes de donde se transfirió dinero a las empresa fachada (no se menciona si fue Mota o Benítez), al que sí nombran es a Juan Manuel del Castillo como enterado del asunto, pero inútil para resolverlo. En otra parte de la lectura de los cargos, le informan a Duarte que su ex secretario de Seguridad Pública, Arturo Bermúdez, preso en Pacho, cantó. Acusa al entonces tesorero de la Sefiplan, Tarek Abdalá, al que se precipita su desafuero, próximo hospedaje en Pacho Resort (a menos que se dé a la fuga), de haberle indicado como se haría el negocio ilegal para el manejo de los fondos federales para seguridad. Y en su canto dijo también de las propiedades que le conocía a Duarte, varios bienes a nombre de otros, sobre los que se conducía como dueño, nada nuevo, pero sirve para sustentar la evidencia de prestanombres y en su caso para la extinción de dominio sobre esos bienes, menciona los departamentos en la Torre Pelícano, en Boca del Río, el rancho El Faunito en Fortín y otro departamento en la zona de Polanco en la Ciudad de México. No se menciona a las residencias en Woodlands, en Houston, Texas, donde Duarte y Bermúdez eran vecinos.
A la raja política
Llegan tarde Miguel Ángel Yunes –y su fiscal Jorge Winckler–, desfasados pero con oportunismo a querer treparse, como la mosca que va arando, a la petición para extraditar a Javier Duarte, se ve sólo con fines propagandísticos, para confundir a ignorantes y despistados.
Una vez que se enteraron de la detención de Duarte coordinada por el Gobierno Federal (el propio Duarte, se supone), y el gobierno de Guatemala, aquí al vapor armaron denuncias y libraron órdenes de aprehensión (al fin que en el Poder Judicial tienen a Edel para lo que se ofrezca) contra Javier Duarte por todos los delitos del catálogo penal de servidores públicos; al menos abuso de autoridad, incumplimiento del deber legal, peculado, tráfico de influencia y coalición, claro, y prisión preventiva como medida cautelar indefinida (permutable con arresto domiciliario), y las fueron a dejar a la Secretaría de Relaciones Exteriores; quieren que las acumulen como si se tratara de llenar la canasta.
No se ocuparon Yunes y su fiscal de enjuiciar a Javier Duarte en todo este tiempo; como es sabido el Gobierno Federal los puso a raya, atrajo las investigaciones penales del fuero común que había (incluso la denuncia que presentó Yunes cuando era candidato) y se ocupó del ejercicio de la acción penal; sólo por delincuencia organizada y operaciones con recursos procedentes de actividades ilícitas (lavado de dinero). Sobre esa línea va la extradición, no con las ocurrencias publicitarias de última hora de Yunes ni por órdenes de aprehensión fabricadas con posterioridad a la detención de Duarte en Guatemala con fines de extradición.
No participó Yunes en la captura de Duarte, tampoco figurará en la extradición. Pero de lengua, fácil llega a Guatemala.