Asuntos Públicos – De siniestros y oporyunistas

Eduardo Coronel Chiu

De siniestros y oporyunistas

Los desastres naturales que afectaron al país y en parte a Veracruz, el terremoto del jueves y el paso del huracán Katia el viernes, dejan una estela de daño y muerte que requieren de la solidaridad de todos y el apoyo de las autoridades a las poblaciones afectadas.
El sismo, aunque su medición lo considera el más fuerte y prolongado de los ocurridos en el país –mayor incluso que el de la Ciudad de México de 1985–, no afectó esta vez en esta zona, sino al Sureste, donde los estados de Chiapas, Oaxaca y Tabasco cargaron con la peor parte, especialmente la ciudad de Juchitán. Ayer se reportaban más de 90 muertes en estos tres estados.
En Veracruz, además del gran susto, no hubo, por fortuna, grandes daños, salvo algunas viviendas destruidas en Coatzacoalcos.
Por su parte, el paso huracán Katia, que alertó a la población del estado en la zonas norte y centro, afectó por las lluvias y crecimientos de ríos y cuerpos de agua en diversos grados a 29 municipios de la entidad, sobre todo en viviendas y cultivos, pero lamentablemente dos muertos en Xalapa por deslave de cerros, y otra persona muerta en Jalcomulco, arrastrada por el río.
Sin minimizar los estragos del Huracán Katia, muchos más muertos se registraron por la violencia delictiva, ese sí el mayor desastre que padece Veracruz.
Pobre del pobre
Los desastres naturales recuerdan la estructura de la desigualdad social del país, golpean con más severidad a la población más vulnerable, a la más pobre, aquella cuyas viviendas son menos resistentes y además se localizan en las zonas de riesgo. Esta población no tiene otro lugar para vivir y además se resiste a abandonar su vivienda cuando les avisan que deben desalojarlas. Al menos en Veracruz –no en Texas o Florida– son las escenas comunes en la temporada de huracanes y tormentas.
Igual son los negocios de temporada de la burocracia de la protección civil, la oportunidad de contar con fondos extras para el reparto de las despensas y cobijas, las compras por adjudicación directa a los proveedores asociados y las obras de reconstrucción de caminos y viviendas, la piñata del Fonden.
También hace su aparición el clientelismo, los servidores públicos “benefactores de los damnificados” no pierden la oportunidad de asociar su ayuda con los nombres de los jefes políticos y las siglas partidarias, así sea encubiertas; “Veracruz comienza contigo”, dice el slogan asistencialista-clientelar-electorero del gobierno de Miguel Ángel Yunes, el que opera a través de la Secretaría de Desarrollo Social.
Yúnete a los zopilotes
El extremo descarado y cínico del lucro político con la desgracia de los damnificados corrió a la cuenta de los Yunes azules, los del Partido de Acción Nacional (PAN), a favor del gobernador Miguel Ángel Yunes y sus hijos.
En Coatzacoalcos y Minatitlán fueron captados brigadistas repartiendo despensas en colonias afectadas, el problema de su filantropía es que lo hicieron en proselitismo mal encubierto de la marca azul partidista, alusiva al apellido de sus amos, y que los promotores son servidores públicos del Gobierno del Estado.
Se aparecieron en varios vehículos con mantas publicitarias de color azul con la leyenda Yúnete AC en apoyo a la población civil afectada, y esa misma marca en las bolsas de plástico de los alimentos que regalaban.
Los agentes del gobierno de Yunes Linares están identificados, son Rafael Abreu Ponce, director de la Comisión de Agua y Saneamiento de Coatzacoalcos, dependiente de la CAEV. Ricardo Cabrera Pérez, delegado Regional en Xalapa de la Dirección de Patrimonio del Estado y Mauro Sánchez Pola, Rector de la Universidad Tecnológica del Sureste, un organismo público descentralizado del Gobierno del Estado. Los tres activos panistas de Coatzacoalcos, todos vinculados a la promoción de la candidatura de Miguel Ángel Yunes Márquez para gobernador en la sucesión del trono de su padre.
Las reacciones de indignación por el oportunismo electorero en favor de los Yunes no se hicieron esperar, junto a la amplia difusión de las imágenes hubo una condena pública general que sus fanáticos e incondicionales, cada vez menos, no pudieron contener; en redes los tundieron.
Nadie le creyó a Yunes Linares de que era ajeno a esa propaganda con los necesitados, tampoco a los servidores públicos involucrados que se dijeron benefactores de los menesterosos de “puro corazón” y en sus ratos libres, sin que “nadie” los hubiera mandado; tampoco se cree la investigación que dice iniciará el fiscal Winckler por posibles delitos electorales en el reparto de despensas con siglas alusivas al nombre de la familia del gobernado.
Menos con el severo castigo que Yunes les mandó a sus operadores, ordenó una inmediata “disculpa pública”. Pero los conservó en sus puestos. Puro teatro.