Asuntos Públicos – Se tambalea el Frente

Eduardo Coronel Chiu

Se tambalea el Frente

A unos días de que venza la fecha para constituirse en coalición electoral para los procesos de 2018 –antes del jueves de la semana próxima deben registrar el convenio en el INE–, la luna de miel entre el PAN y el PRD, partidos pilares del Frente que se hace llamar ciudadano, evidentemente terminó; ahora es incierto el futuro de esa coalición hasta que no se vea cómo se resolverán las contradicciones internas en el PRD y cómo se dan las nuevas negociaciones de los lugares con la dirigencia del PAN. Y el tiempo corre.
Cuando todo parecía que no habría problema para que el dirigente del PAN, Ricardo Anaya, se comiera la candidatura del Frente a la Presidencia de la República, se veía entregado al PRD, las corrientes internas de este partido rebasaron a la aún dirigente Alejandra Barrales, regresaron al juego a Miguel Mancera, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México para disputar la candidatura que Anaya creía suya. Mancera aguardó hasta que pasara la conmoción y secuela del terremoto de septiembre en la Ciudad de México, al parecer había dejado correr a Barrales en su entreguismo hacia Anaya, quien se ostentaba como el jefe del frente y seguro candidato.
La irrupción de Mancera respaldado por los gobernadores y legisladores de ese partido lo colocan como el líder real del PRD, El golpe de timón inesperado, el destape de Mancera, fue un descontón para Anaya y los panistas que consideran les corresponde la candidatura a la Presidencia de la República, un punto que se advierte irrenunciable para ellos.
Anaya, es sabido, domina la cúpula del PAN, está obsesionado por ser el candidato, sea de frente o solo por el PAN, no se ve por ningún lado que se vaya a replegar.
Así que si ninguno de los dos cede al otro la Presidencia de la República no habrá arreglo y la coalición se frustrará.
El mensajero de la reconciliación
Como en las comedias románticas, ya salió el personaje que busca reconciliar a los amantes reñidos; Dante Delgado, dueño del micro partido Movimiento Ciudadano (MC) que hace de comparsa al proyecto del Frente, en esta escena, actúa como la dama mensajera del novio, Ricardo Anaya. El recadito que llevó dice: “Anaya para presidente, Mancera para senador y la Ciudad de México para el PRD”. Airados los perredistas de la corriente de los “Chuchos” se molestan con la presión de Dante, quien como si representara una cuota importante del electorado cuando tiene un micro partido de escaso valor –incluso en Veracruz perdió su registro por no alcanzar ni el 3% de la votación– les puso plazo de 72 horas, como un término judicial para resolver o él “tomará su decisión”. Uno de los Chuchos, Jesús Zambrano, declaró su molestia por “el tonito” de Dante.
Por otro lado, al cambio de la escena y jerarquías en el PRD se agrega la salida inminente de Alejandra Barrales de la presidencia del partido, el próximo sábado será relevada; hecho que no favorece a Anaya.
Del otro lado ya están los candidatos a la Presidencia de la República, José Antonio Meade por el PRI y Andrés Manuel López Obrador por Morena. Ricardo Anaya seguro será candidato, en unos días sabremos si lo será por el Frente coaligado PAN-PRD-MC, o solo por el PAN y si Miguel Mancera va en la boleta o no.
Incertidumbre
El inesperado giro que ha tomado la coalición electoral entre el PAN y el PRD, de no resolverse a favor de mantenerse unidos en los procesos electorales, podría tener repercusiones en Veracruz, donde como en otros sitios el PAN ha subordinado al PRD y le sirve de bulto al grupo de Miguel Ángel Yunes –antiguo represor de la militancia perredista– para presentar la imagen de bloque o agrupación de fuerzas, el pseudo cambio.
El PRD, después de la escisión de Andrés Manuel López Obrador para formar su partido político Morena en 2012, entró al pragmatismo y derechización, se desdibujó como partido de izquierda, se centró en la obtención de cargos y prebendas políticas y fue absorbido por el PAN como aliado electoral. Con excepción de la Ciudad de México, que se eligió en 2012, y en el Estado de México –donde no tuvieron coalición–, en los demás sitios el PRD le cedió el protagonismo al PAN.
La fusión PAN-PRD, consolidada en este tramo sexenal, se gestó en el seno del pacto por México, auspiciado por el gobierno de Enrique Peña para procesar acuerdos para reformas legislativas “estructurales”, operado por el secretario de gobernación Miguel Osorio Chong, ahí se conocieron, actuando como “oposición leal” a cambio de beneficios, para contener a Morena, la izquierda radical; en las componendas alcanzaron algunas “alternancias”, entre ellas, en 2016, Veracruz y Quintana Roo, y ganaron en Chihuahua. Al final están en un nuevo campo de posiciones, además fijaron como enemigo al PRI y al gobierno de Peña.
Las ambiciones personales de Anaya y el juego de corrientes en el PRD hoy tienen tambaleante su coalición nacional y por consiguiente las de los estados. A ver qué resulta.