Asuntos Públicos – Intercampañas, veda electoral

Eduardo Coronel Chiu

Intercampañas, veda electoral

Enfriados. Ayer comenzó el extravagante y largo periodo de la legislación electoral conocido como intercampañas o veda electoral, un contradictorio lapso en el que los partidos y candidatos, aunque conservan porciones de libertad de expresión, deben abstenerse de realizar actos directos de proselitismo, a su favor o en contra de adversarios, so pena de incurrir en actos anticipados y recibir sanciones económicas e incluso la negativa del registro de candidatura.
Para la elección federal, este compás de espera se extiende hasta el 29 de marzo, un mes y medio aproximadamente; más prolongado aún para la elección de gobernador, que deberá silenciarse por dos meses y medio, hasta el 28 de abril.
La artificial distinción de fases en el proceso electoral de precampaña, intercampaña y campaña electoral propiamente dicha, muestra las contradicciones del flujo informativo de los actores políticos, el ejercicio de libertades de expresión y el derecho a la información con las restricciones contenidas en las leyes electorales. Ya se observó el atascadero de las leyes con la precampaña, donde esta vez no hubo competencia interna en ninguna fuerza electoral y se toleró que los candidatos únicos realizaran actos de campaña “entre sus militantes”, situación prohibida en anteriores procesos electorales. Ante los excesos restrictivos, se provoca la simulación del cumplimiento de las normas y la búsqueda de los resquicios para eludirla, como llamar a votar por ya sabes quién.
Los actores políticos, partidos y candidatos ahora tendrán que ver cómo sortean la intercampaña para no enfriar del todo su presencia pública y que no declinen y en su caso aumenten las intenciones del voto ya construidas.
Qué si y qué no
La legislación electoral no detalla los actos válidos durante la intercampaña, a lo más que llega es a la prohibición de realizar actos anticipados de campaña, estos sí definidos como “los actos de expresión que se realicen bajo cualquier modalidad y en cualquier momento fuera de la etapa de campañas, que contengan llamados expresos al voto en contra o a favor de una candidatura o un partido, o expresiones solicitando cualquier tipo de apoyo para contender en el proceso electoral por alguna candidatura o para un partido”.
Quedan sujetos a la interpretación del árbitro electoral, el INE, y los criterios deducidos de las resoluciones del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
La etapa en curso se considera un periodo en el que no hay legalmente competencia electoral, así que la quisquillosa vigilancia de la “equidad en la contienda” debe impedir los actos anticipados, sin vulnerar los derechos de expresión y opinión tanto de los actores como de ciudadanos, un raro malabarismo.
En el periodo sí están permitidos los spots de partidos políticos, los millones que se transmitirán en los tiempos oficiales de radio y Tv, pero su contenido debe ser únicamente informativo y en su caso de promoción de sus “valores o principios o programas generales”, nada personalizado, menos llamadas al voto a favor o contra. Sí la difusión de propaganda política, pero no la propaganda electoral.
Los candidatos no deben efectuar mítines partidistas, pueden hacer declaraciones a los medios de comunicación, participar en programas públicos de opinión o realizar eventos privados, pero igualmente con bozal, abordar problemas sociales o de interés público, sin promover sus candidaturas, el voto a favor o en contra de alguien. Una situación bastante ridícula.
Los candidatos apenas tendrían una oportunidad clara de discurso en unos pocos momentos, cuando en su partido los declaren finalmente “candidatos” y cuando hagan su registro formal en los órganos electorales. Pero seguro se las ingeniarán para mantenerse en cartelera. Al menos los que ya le saben cómo hacerlo, aprovechen los huecos de regulación electoral de redes sociales y tengan la audacia de filtrarse por el corsé de intercampaña.
Falta que las cumplan
Andrés Manuel López Obrador, el candidato de Morena a la Presidencia de la República, no se detuvo ayer. Sostuvo reuniones privadas pero dio declaraciones y entrevistas, siguió picoteando a Meade –“campaña fracasada”– y a Anaya, –“aprendiz de mafiosillo”–, y se ostentó como el único que puede erradicar la corrupción en el país. El candidato de Morena para el gobierno de Veracruz, Cuitláhuac García, tampoco paró, se placeó en el centro de Xalapa, cuestionando la riqueza de Yunes Linares, en alusión al reportaje recalentado por Proceso este domingo. Los demás candidatos sí se tomaron en serio los días de guardar. Nade se supo del priista externo, Meade (el Yo mero), ni del hombre araña del PAN, Anaya; tampoco de los locales, Pepe Yunes no se asomó, ni el Principito Yunes Márquez, exhausto de su labor de damo de compañía de Anaya en Veracruz.
Por su parte, el PRI aventó un spot subliminal contra el peligro López Obrador, “Imagina un día, sin servicio médico…”