Letras mexicanas de luto, muere Sergio Pitol

Xalapa
La comunidad académica y literaria del país lamentó la muerte del escritor y traductor Sergio Pitol la mañana de ayer jueves en su casa en Xalapa a los 85 años; desde 2009 Pitol enfrentaba una afasia primaria progresiva.
Desde que corrió la noticia de la muerte de Pitol, un enjambre de periodistas se apostaron a las afueras de la vivienda en el centro de la ciudad. A las 11:00 llegó Édgar García Valencia, director de la editorial de la UV, y demás amigos y escritores quienes acudieron a la vivienda del escritor ponerse a disposición de la familia. En redes sociales, escritores como Jorge Volpi, enviaron mensajes de condolencias a la familia, lo mismo hicieron académicos y ex rectores de la Universidad Veracruzana (UV), y UNAM , candidatos presidenciales, y funcionarios estatales y federales.
La rectora de la Universidad Veracruzana, Sara Ladrón de Guevara, aseguró que la Universidad está de luto con el fallecimiento del escritor. “Es un pilar de nuestra Universidad, deja un legado enorme, mucho orgullo y prestigio para la Universidad Veracruzana (…) Ningún académico de nuestra universidad ha alcanzado los honores que él alcanzó”.
Señaló que la familia del autor de libros como El arte de la fuga será informada sobre los homenajes que en su nombre lleve a cabo la Universidad. Aseguró que la UV fue casa del escritor y que seguirá siendo una figura importante para los universitarios.
Para el escritor colombiano Marco Tulio Aguilera Garramuño, el escritor Sergio Pitol pudo ser el premio Nobel de Literatura. Dijo que la calidad de sus obras superan las de muchos Nobel, que desde su punto de vista no merecen el premio.
A unas horas de la muerte del escritor ganador del Premio Cervantes en 2015, el Instituto Nacional de Bellas Artes y la Universidad Veracruzana han anunciado homenajes en honor a su obra literaria.
Lo “despiden” con Las Mañanitas
El silencio que precede a la muerte fue quebrado de tajo por el canto de unas “Mañanitas”, que llegaron fortuitas a la última casa de Sergio Pitol. El contraste entre la celebración de la vida y el dolor de la muerte acompañaron los restos del escritor, en sus últimas horas en esta tierra.
De la vivienda marcada con el número 11 de la calle Pino Suárez, en el centro de Xalapa, salió una carroza fúnebre con el cuerpo del autor acostumbrado a desvelar la riqueza del lenguaje mediante textos. Adentro, el silencio sepulcral de la familia que, a pesar del momento se mostraba fuerte, entera. Afuera, amigos y medios de comunicación se reunieron para acompañar al escritor en el trayecto a la funeraria.
Habían pasado casi cuatro horas desde que se conoció de su fallecimiento y para entonces la vida en los alrededores seguía su curso; un puesto de antojitos en la esquina tenía a su clientela habitual que se preguntaba por la presencia de tantas personas fuera de una vivienda.
“Es la casa del escritor”, dijo quien despachaba el modesto puestecito. “No, debe ser que ya hubo bronca con los maestros”, dijo un comensal que está habituado a los cierres de las calles por manifestaciones de docentes, y que se dejó llevar por la cercanía con las oficinas de la Sección 56 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).
De ahí salió de manera repentina el cuerpo del traductor y rompiendo el silencio Las Mañanitas, despidieron de manera fortuita a Pitol, pues por azares del destino maestros celebraron el aniversario de uno de sus compañeros.
Momentos antes, el nerviosismo de los familiares era evidente; cuidaron hasta el último momento la dignidad de Pitol, y repitieron en varias ocasiones a los miembros de la prensa que no darían declaraciones.
Durante la mañana se acercaron algunos conocidos y amigos del autor, que entraron al hogar familiar, pero no así el director de Editorial de la Universidad Veracruzana (UV), Édgar García Valencia, a quien informaron no se le permitiría la entrada a la vivienda.
Acaso por los problemas que la UV ha tenido en años recientes con la familia, ya que suspendieron el pago de regalías de las obras de Pitol desde hace varios meses por un pleito legal.
Algunos más decidieron esperar afuera, mostrar su respeto sin incomodar a la familia, como el escritor colombiano Marco Tulio Aguilera Garramuño, que se expresó de Pitol como quien merecía haber ganado el premio Nobel de Literatura.
Tras la salida de la carroza, la vivienda volvió a la tranquilidad; los vecinos regresaron a sus hogares tras observar partir a quien por décadas los acompañó con sus tertulias literarias.
El viaje no ha terminado, y las notas del crescendo están por ejecutarse, porque a Pitol Deméneghi lo acompañarán quienes disfrutaron de sus obras, de su personalidad sencilla y de su capacidad para inspirar a quienes atendieron su llamado a leer como un ejercicio hedonista.