Poniatowska despide a su amigo Sergio Pitol

El Universal
Dice que “estaba tan enfermo que finalmente es una liberación”; habla Elena Poniatowska sobre Sergio Pitol, su amigo fallecido la mañana del jueves y a quien despide con el recuerdo de su gran sentido del humor y con el regalo de la amistad compartida.
“Fueron muchísimos años de amistad a través del tiempo. Yo lo vi a él en Polonia, pero compartimos la amistad a través del tiempo, yo no sé si tenga cartas de él o no, pero las podría buscar, pero a través del tiempo él fue un gran viajero, él se fue de México durante muchos años. Ya con los años él ya no viajaba. Durante tres o cuatro años él fue a Cuba varias veces porque allá le dieron la posibilidad cuando él empezó a perder el habla que le veías en los ojos; estabas platicando y de repente buscaba una palabra y no la encontraba, le veías un relámpago de angustia en los ojos, tremendo, y entonces tú buscabas la palabra y muchas veces le atinabas, de conocerlo, y entonces ya hacía una gran sonrisa y seguía”, recuerda Poniatowska.
Más que los últimos años oscuros, Elena recuerda momentos luminosos como cuando se preparaba para recibir el Premio Cervantes 2005. “Gracias a Dios o gracias a la Providencia o gracias a México o a lo que tú quieras, cuando él se sacó el Cervantes todavía estaba muy bien, y además le dio una gran alegría, se preparó casi como un muchacho, como si fuera a casarse; se fue y se compró dos trajes de calle y un traje de vestir para recibir el premio. Estaba jubiloso, yo comí con él varias veces antes de que viajara a Alcalá de Henares”, expresa la escritora.
Poniatowska recomienda leer El mago de Viena, obra de la que Pitol se sentía muy orgulloso. “Él me dijo: ‹Yo me saqué el Cervantes por el libro El mago de Viena›. Para recordarlo recomiendo ese libro, me gusta muchísimo. Él nunca escribía diálogos, jamás, no ponía diálogos, no le gustaba, todo lo hacía de corrido, tas, tas, tas; decía que no tenía facilidad para escribir y qué sufría. Pero escribió mucho para no tener facilidad”.
La escritora y periodista recuerda también lo que significó ese premio para Xalapa y para Veracruz. “Desde el gobernador para abajo, caminar en la calle era muy difícil, todos salían, lo abrazaban, lo besaban, le daban la mano, era una cosa tremenda, al final él sabía un camino y me decía ‹no nos vayamos por el parque, te voy a llevar por unas callecitas escondidas para no encontrar a la gente› porque ya era demasiado, ya era un rockstar de Xalapa”, dice Elena.