Asuntos Públicos – De la luna de miel postelectoral

Eduardo Coronel Chiu

De la luna de miel postelectoral

La inexistencia de conflictos postelectorales –salvo en el estado de Puebla por la gubernatura y un reducido número de impugnaciones en distritos en el país– se debe contar entre la serie de situaciones inéditas causadas por las elecciones del pasado 1 de julio.
No solo emanó de las votaciones un nuevo mapa del poder político en México con la hegemonía del partido Morena y su líder Andrés Manuel López Obrador tanto a nivel nacional como en los estados de la República, sino también un clima de certidumbre por la legitimidad del mandato que les da origen.
Una inesperada luna de miel. En contraste con otras elecciones donde las protestas a los resultados y su judicialización eran características, y la incertidumbre del ganador y la sombra de la anulación se prolongaba hasta fechas muy próximas a la renovación del cargo, esta vez los actores políticos, candidatos y partidos perdedores admitieron los resultados casi de inmediato; en muy pocos casos, como se mencionó, hay impugnaciones legales y protestas. Aunque se atribuye esta paz postelectoral a la madurez democrática del país, a la fortaleza de las instituciones, que sin duda contribuyeron para reducir la posibilidad del fraude electoral, el principal factor ha sido la muy elevada participación ciudadana en las elecciones (más del 60%), y sobre todo la amplia ventaja con que se dieron la mayoría de los triunfos, la Presidencia de la República, AMLO con más 30 millones de votos, 53% de la votación y más de 30 puntos de diferencia, y en Veracruz, pese a que la ventaja de Cuitláhuac García fue menor con el segundo lugar –de 5.6%–, su diferencia de 213 mil votos era irreversible. Cuando no hay nada que hacer ante la derrota, cabe que se hagan pasar por demócratas.
A 8 días de la jornada electoral, con excepción de los casos mencionados, el país y el estado le dan la vuelta a la hoja de la competencia y campañas.
A las transiciones de gobierno
Ahora que AMLO vive una transición de “terciopelo”, vista la actitud del presidente saliente Enrique Peña Nieto y de sus reuniones con grupos de interés, generalmente opositores, la atención se centra en el tipo de gobierno y políticas que efectivamente aplicará, su financiamiento y viabilidad, en el paso de las promesas y las ofertas de campaña al realismo de la política. Como estrategia avanzó desde la campaña electoral “nombrando” anticipadamente a su gabinete, lo que le sirve en parte para generar confianza y también como pararrayos. Con todo, AMLO goza aun de las mieles del triunfo y el bono “democrático”, está por verse su transformación en jefe de estado y de gobierno, mientras tanto los problemas del país siguen, estarán esperando sus respuestas.
En Veracruz, transición incierta
El involucramiento directo del actual gobernador Miguel Ángel Yunes en el proceso electoral y su fracaso en hacer ganar a su hijo, Miguel Ángel Yunes Márquez, la ausencia de Plan B para la derrota inesperada, y su perfil conocidamente autoritario, no augura una entrega tersa del poder en el estado. Hasta ahora el gobernador no ha reconocido el triunfo de Cuitláhuac García, pese a que desde el miércoles se conocen los resultados y que ayer el órgano electoral (OPLE) declaró la validez de la elección de gobernador y entregó al candidato de Morena su constancia de mayoría como gobernador electo.
Si bien es cierto que su hijo, el perdedor, se vio obligado a reconocer su derrota desde el martes pasado, el gobernador saliente evade todo diálogo con su sucesor; se aferra a los tiempos de ley, sin ocultar su enojo por el desplazamiento inminente del poder.
Esta actitud de Yunes anticipa que podrían darse jaloneos entre su gobierno declinante pero aún con facultades legales y el nuevo grupo de Morena que accederá no solo al Poder Ejecutivo, con Cuitláhuac García, el 1 de diciembre, sino también al Congreso del Estado, donde serán mayoría a partir del 5 de noviembre próximo.
Uno de los escenarios probables es que Yunes Linares pretenda blindarse para su salida, y al igual que lo intentó Duarte, cuando su partido perdió la gubernatura en 2016, trate de utilizar las piezas que hoy tiene con periodo más allá del suyo para formar una resistencia que obstaculice al nuevo gobierno. Este esquema implica mantener al fiscal general Jorge Winckler y al titular de Orfis, Lorenzo Antonio Portilla, para que le cuiden la retirada, además del Tribunal de Justicia Administrativa, donde es sabido colocó incondicionales; de esta forma conservar el control de la acción penal, la fiscalización y las sanciones por uso de recursos; igualmente, buscar que se mantenga su aliado y compadre Edel Álvarez Peña en la presidencia del Tribunal Superior de Justicia para asegurar el control de jueces y magistrados, pero sobre todo preservar el negocio “compartido” de las ciudades judiciales, la adjudicación de los 21 contratos de asociación pública privada a sus socios de las constructoras ACCSA y constructora Malibrán. Otra medida en esa dirección sería aprovechar la mayoría que aún tiene en la Legislatura del Estado para conseguir el paquete de nombramientos aplazados: el fiscal anticorrupción, un comisionado del IVAI, los contralores internos de dependencias y el congreso, y más de 20 plazas de magistrados vacantes en el Poder Judicial.
No obstante los mensajes de “reconciliación” del grupo de Morena, a tono con la Paz AMLO, varios de los actores políticos de esa corriente apuntan a que no permitirán que Yunes se pase de listo. La senadora electa Rocío Nahle está consciente de que la corrupción en el gobierno de Veracruz no se limita al periodo de Duarte, que Yunes ya hizo lo suyo –por ejemplo, cita los contratos otorgados por 70 millones de pesos al dirigente del PAN, José Mancha–, y por ello, tendrá que rendir cuentas. Reconciliación no significa impunidad, puntualizó Nahle.
Asimismo, el diputado local con licencia por Coatzacoalcos, Amado Cruz Malpica, de Morena, reelecto para otro periodo, advierte “debe haber mesura, prudencia del gobernador en funciones y de la legislatura actualmente instalada”, que no se metan en los temas que tendrían consecuencias para el siguiente gobierno, aunque hoy tengan facultades para tomar esas decisiones, políticamente ya no les corresponde hacerlo. En estos días se verá el tono que toma la transición en Veracruz.