Desde la butaca – La Favorita (The Favourite)

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Cinéfilo Irredento

A principios del siglo dieciocho, la Reina Anne de Inglaterra (Olivia Colman) se ha vuelto tan dependiente de Sarah Churchill, Duquesa de Marlborough (Rachel Weisz), que algunos miembros de la corte se preguntan quién está realmente gobernando al país. Entonces llega al palacio Abigail Hill (Emma Stone), prima distante de Sarah, y el balance de poder empieza a cambiar.
La Favorita es como Dangerous Liaisons con todo el glamour extirpado, mostrando la salvaje realidad de la vida en la corte inglesa durante el siglo dieciocho, cuando la opulencia y excesos de la realeza convivían con los peores instintos humanos, ocultos bajo un delgado barniz de cultura y civilización. En otras palabras: La Favorita es un realista “drama de época” con más vómito del que normalmente encontramos en este preciosista género cinematográfico. Ah, y además, lo que está en juego no es la virginidad de una doncella francesa (como en Dangerous Liaisons), sino el futuro del Imperio Británico.
Al mismo tiempo, La Favorita es un despiadado estudio de carácter que analiza el comportamiento y motivación de tres mujeres muy distintas en rango y origen, pero muy similares en la tenacidad con la que persiguen sus metas. En resumen: lección de pseudo-historia y análisis psicológico, combinados en un excéntrico drama con muchos aciertos y algunas peculiaridades que contaminaron la experiencia (en mi humilde opinión).
Primero lo malo para salir rápido del paso: el director griego Yorgos Lanthimos (The Killing of a Sacred Deer) tomó la audaz decisión de iluminar la película exclusivamente con fuentes de luz disponibles en el siglo dieciocho… velas, antorchas, y luz natural. Esto significa que las escenas nocturnas son demasiado oscuras, a veces no sabemos qué está pasando, o quién está conspirando con quién para destruir la reputación (o la integridad física) de alguna de las tres mujeres en cuestión.
Aplausos por el inflexible nivel de realismo que Lanthimos buscó en su película; pero, créanme, después de ver incontables “indies” de horror mal iluminadas, la apariencia de La Favorita no me pareció un valeroso manifiesto artístico, sino un obstáculo más para apreciar los elementos positivos de la cinta, incluyendo las actuaciones, los decorados, y Olivia Colman, a quien tengo que ubicar en una categoría separada de “actuaciones” porque lo que hizo en La Favorita trasciende la simple ficción histórica para convertirse en algo profundo y espiritual.
Pero antes de llegar al reparto, otra queja menor: Lanthimos (o tal vez fue Robbie Ryan, el director de fotografía) también tuvo la idea de filmar muchas escenas de La Favorita con lente gran angular (a veces casi “ojo de pescado”), distorsionando la composición de cuadro y creando una sensación de vértigo, incongruentemente moderna respecto a los eventos que la cinta retrata. No entiendo cuál habrá sido el propósito de ese lente, o si es parte de la misión “disruptora” de Lanthimos, pero en lo personal me pareció un capricho visual que constantemente me “sacó” de la historia, llamando la atención a un aspecto del cine (la cámara) que debería ser casi invisible y estar perfectamente integrado a la narrativa.
Y ahora, lo realmente valioso de La Favorita: el fantástico triunvirato de Olivia Colman, Rachel Weisz y Emma Stone, atrapadas en un brutal enfrentamiento que involucra múltiples aspectos de sus personajes, desde jerarquía social hasta sentimientos íntimos. Supongo que el conflicto podría destilarse en una simple lucha por el poder, pero la riqueza del relato consiste en las texturas emocionales que jalan y empujan a las mujeres en distintas direcciones, no siempre compatibles con su meta final. Es como Mean Girls, sustancialmente complicada por las responsabilidades de la corona, la guerra contra Francia, y los traumas secretos de Su Majestad (por ejemplo, los conejos).
Rachel Weisz y Emma Stone quizás tengan los papeles más lucidores como rivales por la atención de la Reina, pero Olivia Colman tiene el más difícil papel de monarca dividida entre la lealtad por su país y los vaivenes de su fracturada personalidad… a veces adorada por sus súbditos, y a veces temida por su impredecible comportamiento. Nadie podría mantener una mente balanceada en esas circunstancias, y Colman expresa con devastadora intensidad esa debilitante neurosis… aunque no exenta de sentido común.
Habiendo dicho todo eso, La Favorita me pareció inferior a la suma de sus partes. No sé si le faltó energía, o un contexto político más amplio para ubicar la rivalidad de Sarah y Abigail en la historia de Inglaterra; o, simplemente, la irreverencia satírica de cintas como Love & Friendship (la cual me gustó mucho más que La Favorita), que ciertamente no es muy realista, pero definitivamente más satisfactoria (en mi opinión) que los desplantes creativos de Yorgos Lanthimos. De cualquier modo, La Favorita me pareció una película recomendable, muy entretenida, con la mezcla adecuada de drama y humor para no tomarse demasiado en serio. Y para fetichistas de las pelucas barrocas… felicidades. Encontraron su película “favorita”.

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