Discuten sobre sobre propiedad intelectual de artesanos

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Veracruz
El Instituto Veracruzano de la Cultura, a través de la Subdirección de Programación y Contenidos, mediante el Programa de Empresas Culturales y Creativas, realizó el viernes pasado el conversatorio “Propiedad intelectual en el trabajo artesanal”, en el Centro Cultural Atarazanas.
El conversatorio se realizó en el marco de la conmemoración del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, y estuvo a cargo del investigador Miguel Ángel Sosme Campos y el alfarero Érick Vázquez Hernández. El objetivo de la charla fue fomentar el intercambio de ideas al tiempo de impulsar las estrategias que fomenten la protección e implementación de la propiedad intelectual del trabajo de los artesanos del estado de Veracruz.
Miguel Ángel Sosme Campos estudia el Doctorado en Antropología en la Universidad Nacional Autónoma de México, además de coordinar el proyecto “Documentación de Saberes Tradicionales de la Sierra de Zongolica, Ver” y es voluntario del Festival Anual de Textiles México. Además tiene maestría en Ciencias Sociales por el Instituto de Investigaciones Histórico Sociales de la Universidad Veracruzana. Con su investigación “Tejedoras de esperanza, empoderamiento en las mujeres de los grupos de tejedoras de la Sierra de Zongolica, Veracruz” obtuvo el Premio Nacional Luis González y González a la mejor tesis de licenciatura en Humanidades y Ciencias Sociales (El Colegio de Michoacán), entre otros reconocimientos.
Por otra parte, Erik Vázquez Hernández es alfarero de Naolinco, Veracruz y se encarga de preservar las técnicas originarias que se han transmitido de generación en generación. Erik pertenece a la cuarta generación de su familia que trabaja en barro, nacido en la comunidad de San Miguel Aguasuelos, Naolinco. Su padre fue Totonaco (Veracruz) y su madre Náhuatl (San Luis Potosí). Él atribuye su habilidad de trabajar con barro a su sabia madre, quien le enseñó su oficio y a respetar a la madre tierra.
A la edad de 6 años, Erik vío a su abuela instruir a su madre en el proceso de preparar el barro, pulverizando primero las piezas tomadas de la tierra y luego agregando agua al polvo para hacer una arcilla de textura suave. También observó cómo, con paciencia y dedicación, ella le dio vida a la arcilla, les dio forma a las figuras, etc. y finalmente aprendió como hornear su trabajo.
Erik ha ido formalizando su propio estilo y técnicas. Utiliza una arcilla blanca natural extraída de una mina cerca de su casa. En el proceso de modelado, utiliza diferentes técnicas, como la aplicación de patillajes finos (pequeños pedazos de arcilla levantada). Cuando, la pieza está bruñida, las decoraciones se tallan a mano y, a veces, se le da una textura similar al encaje (filigrana). El último paso es agregar color natural a la pieza mediante un deslizamiento (arcilla acuosa) y/o agregar la textura lograda mediante el uso de óxido mineral extraído de un barranco cerca de la ciudad. El color del deslizamiento es similar al de la terracota o al naranja intenso; se aplican antes de que se cocine la pieza.
Erik le da crédito a su hermana mayor por haber iniciado la participación de la familia en concursos tanto a nivel local como nacional, donde obtuvieron premios que han ayudado a dar a conocer su trabajo y obtener ingresos. A los 16 años, ganó su primer premio nacional en el Gran Premio Nacional de Arte Popular en la Ciudad de México.

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