Asuntos Públicos – La renovación del Orfis: un proceso político

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Eduardo Coronel Chiu

En términos realistas, no hay que darle muchas vueltas para encontrar la naturaleza política de la selección del titular del Órgano de Fiscalización Superior (Orfis).
Tras su aparente función técnica autónoma de revisión de la gestión financiera y las cuentas de la totalidad del sector público del Gobierno del Estado y municipios, que incluye los tres poderes y órganos autónomos, hay una función política de control que se ejerce abierta o de modo disimulado, a partir de las auditorías y la detección de desvíos o irregularidades y sus consecuencias administrativas o jurídicas. Y esta función de segundo plano, que los ingenuos no ven y los que la operan prefieren soslayar, no la ejerce libremente el titular del Orfis, sino con la mediación y arreglos de una élite de diputados –en la Comisión de Vigilancia o fuera de ella, según se acomoden, que le van marcando la pauta al auditor, un técnico que pacta participar como instrumento político–, y en el camino sacar su raja.
Por eso, el Congreso del Estado, un órgano eminentemente político, tiene en sus atribuciones nombrar al titular del Orfis, y esta designación que implica acuerdos por la mayoría de votos requerido, no se realiza en el vacío sino en una situación concreta de posiciones de poder, tanto en el Congreso del Estado como en el Poder Ejecutivo, generalmente la instancia que conduce la política en el estado.
Los previos bajo línea del gobernador
Los previos nombramientos de titular del Orfis –René Mariani, Mauricio Audirac y Lorenzo Antonio Portilla– invariablemente se dieron con línea del Poder Ejecutivo, el primero con Miguel Alemán (1998-2004), el segundo Fidel Herrera (2004-2010), y el tercero Javier Duarte (2010-2016). En los tres casos los operaron los aliados del partido del gobernador en el Congreso, todos con mayoría legislativa, es decir, bajo gobiernos unificados; históricamente del PRI, el actual proceso es el primero con un grupo en el poder (Morena) de partido distinto.
Otro aspecto del que no viene abundar ahora es el de los ciclos del grupo en el poder que explica los virajes del Orfis, cuando al reemplazo de élite el Órgano de Fiscalización se subordina al nuevo grupo, en ocasiones para ajustar cuentas con el grupo desplazado o para mantenerlo a raya.
Podría haber sido distinta la selección, otro arreglo, bajo pluralidad partidista y que actuara como contrapeso, pero no ha sido hasta ahora el caso, sin embargo, en el actual proceso se presenta una coyuntura que se asemeja a un escenario dividido pese a que Morena es el partido mayoritario y que además controla el Poder Ejecutivo.
Ejecutivo débil, legislatura dividida
A diferencia de previos gobiernos unificados –Ejecutivo y mayoría legislativa del mismo partido–, donde el gobernador era también líder en el Congreso, el actual régimen con Cuitláhuac García, un gobernador inexperto y sin operadores políticos, ha mostrado grandes dificultades de unificación de su bancada mayoritaria en el Poder Legislativo, y más para negociar con las minorías de oposición- PAN-PRD y otros grupos legislativos para decisiones de mayoría calificada, como la que se necesita para el nombramiento de titular del Orfis.
Este escenario, combinado de ausencia de liderazgo del gobernador con la fragmentación de los diputados en el Congreso, inclusive conflicto abierto con el PAN por la suspensión al fiscal, tenida por arbitraria por este partido, caracteriza y define el proceso para designar al auditor del Orfis.
Portilla divide a Morena
Al respecto se observa una doble división. Al interior de los diputados de Morena, por un lado, el presidente de la Mesa Directiva, José Manuel Pozos, y el presidente de la Comisión de Vigilancia, la que conduce la selección hasta dictaminar una terna, tienen un no disimulable arreglo para tratar de imponer al auditor saliente Lorenzo Antonio Portilla, pese a su actuación alternada con el ciclo de poder servil y traicionera ante sus pasados jefes políticos, Javier Duarte y Miguel Ángel Yunes –ahora sirve a la 4T– y a la prohibición de reelegirse conforme a la ley vigente. Pero esta abierta campaña reeleccionista provoca división; por el otro lado, desde hace tiempo se ha pronunciado en contra el diputado Javier Gómez Cazarín, líder de la bancada y coordinador de la Junta de Coordinación Política, se sabe, aliado del secretario de gobierno, Erick Cisneros, y rival de Pozos en asumir los vacíos de la inexperiencia de Cuitláhuac. Ayer aprovechó para reiterar el rechazo: “Ni dios lo mande” que se reelija Portilla siete años más.
Aparte de estas dos facciones, hay otro bando más formado en otras disputas internas; los Malenos y Amado Cruz, entre otros –de la órbita del delegado Manuel Huerta–, así que no está fácil el consenso en Morena. Para algunos temas de alta prioridad los disciplinan del centro (como fue el golpe para echar a Winckler), pero el nombramiento del Orfis sería un asunto de negociación local entre ellos.
También al pan
La reelección de Portilla también tiene al PAN en contra. Aunque solo son 12 diputados y se dividieron por la reciente competencia de dirigente partidista, al menos un grupo de ellos votaría en su contra debido a su cambio de chaqueta, cuando en los dos años previos estuvo bajo sus órdenes. Inferiores en número, la alienación del PAN contra Portilla es relevante para la formación de la mayoría calificada.
La división abre otras opciones
Bajo la fragmentación descrita se dificulta alcanzar una decisión de consenso en el Congreso, por eso, otro escenario de la selección es la apertura favorable para otros candidatos que provoquen menos conflicto y polarización. La presencia de la Procuradora Fiscal de la Sefiplan, Delia González Cobos, de la militancia de Morena, es reveladora de apoyos internos. Cecilia Coronel Brizio, allegada al senador con licencia y director de aduanas Ricardo Ahued, Sergio Vázquez, ex presidente del Sistema Estatal Anticorrupción, tuvo oportunidad de hacer relaciones con diputados: ¿aparecerá algún tapado?
Definida la terna de entre 54 aspirantes, que podía dictaminarse la próxima semana, en el pleno a más tardar el 26 de este mes, se ungirá como titular del Orfis a quien cause menos división y pueda generar el consenso. Para el nombramiento se necesitan los votos a favor de las dos terceras partes de los diputados presentes (34 si asisten los 50 diputados que integran la legislatura), esa es la regla.
Entre la política y la institucionalidad
Es obvio que este tejido de redes de apoyo legislativo ningún aspirante lo habrá conseguido en su entrevista de 20 minutos con tres integrantes de la Comisión de Vigilancia. La función política del Orfis detrás de la función técnica de auditoría –así como la influencia y los negocios asociados, fuentes de poder, de grupo y personal–, mueven la disputa a la vez que aglutinan intereses.
Sería iluso creer que elegirán a alguien para que desempeñe el cargo de manera autónoma y de manera técnica y profesional, combata corrupción, promueva la eficiencia y garantice la rendición democrática de cuentas. Ojalá me equivoque y que con la Lámpara de Diógenes, insuflados de la voluntad popular, los diputados de Veracruz escojan para titular del Orfis a un servidor o servidora de las instituciones, no del grupo en el poder.

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