Serpientes y Escaleras – La carrera por Morena y la ventaja de Mario

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Salvador García Soto

Cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador le sugirió a su partido que dejaran de pelearse por la dirigencia nacional y que utilizaran el método de las encuestas para definir quién debía ser el nuevo presidente de Morena, la “sugerencia” fue tomada, literalmente, como una orden, como la “línea” que durante los últimos meses el líder real del partido gobernante no había querido dar, al decidir ausentarse de la vida y las decisiones internas de su partido.
Con su “recomendación”, que fue acatada de inmediato como método oficial para definir quién dirigirá los destinos del partido oficial con miras a las elecciones intermedias de 2021, López Obrador buscaba dos efectos específicos: el primero, poner orden ante el desgarriate y las pugnas desatadas entre grupos morenistas por la sucesión partidista; y el segundo, cortar de tajo y neutralizar una operación puesta en marcha, desde su gabinete, para que la estructura de “servidores de la nación”, los delegados estatales de Programas federales y hasta el “Censo del Bienestar” con un millón de beneficiarios de programas sociales, se pusieran al servicio de una de las candidatas a la dirigencia nacional, según denuncia que otros aspirantes hicieron en contra de Gabriel García Hernández, coordinador de Programas de la Presidencia, a quien acusaron de “dar línea” a los superdelegados para apoyar a Bertha Luján.
Como el presidente no quería denuncias de uso de recursos públicos en la contienda interna de Morena, justo cuando él mismo impulsó y apoyó la ley que castiga con cárcel a quien desvíe programas y fondos gubernamentales en elecciones, tenía que ser congruente y no exponerse a que fueran los de su partido quienes violentaran esa ley y se expusieran a las sanciones. Por eso optó por el mismo método que a él le ha funcionado muy bien desde que fundó y dirigió Morena.
El tema es que al decidirse por las encuestas, en Morena casi automáticamente se inclinó la balanza a favor de uno de los candidatos, el diputado Mario Delgado, que es, al menos en el arranque, el aspirante más conocido y por lo tanto el que aparece con ventaja en los primeros sondeos. La única que se acerca al nivel de conocimiento de Delgado es la actual dirigente Yeidckol Polenvsky, quien buscaría continuar por otro periodo en la presidencia morenista, a partir del argumento de que ella nunca fue electa como presidenta, sino como secretaria general que terminó haciendo las funciones de la presidencia, aunque de cualquier modo los estatutos permiten la reelección en el cargo.
Pero la que sí se vio afectada, al menos de inicio, por el método de las encuestas, es Bertha Luján, actual presidenta del Consejo Nacional de Morena, y a quien muchos ubicaban como “la más cercana” a los ánimos del presidente López Obrador.
La ventaja preliminar que mantiene Mario Delgado significa políticamente que los grupos más moderados podrían avanzar en el control de Morena, por la cercanía que el actual presidente de la Junta de Coordinación Política de San Lázaro mantiene con el canciller Marcelo Ebrard y su ya conocida alianza también con el líder de la mayoría en el Senado, Ricardo Monreal.
Así que queda mes y medio para que los aspirantes, una vez que inicie formalmente el proceso, se muevan para tratar de crecer en las encuestas y ganar la presidencia del partido gobernante, con miras a los dos retos que enfrenta: ganar el estratégico 2021 y ratificar su hegemonía política en el Congreso y en las gubernaturas, y lograr institucionalizar y civilizar su movimiento, antes de que las pugnas y pleitos de poder entre sus grupos dinamiten al partido gobernante y éste “se eche a perder”, con la amenaza de renuncia que ya les hizo públicamente el presidente López Obrador.

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