Asuntos Públicos – Tiburomanía: circo oneroso y corrupto

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Eduardo Coronel Chiu

Un barril sin fondo. Siempre ha sido un pésimo negocio para el Gobierno del Estado meterse a patrocinar al club deportivo de futbol Tiburones Rojos de Veracruz. En cambio, han sacado los beneficios los funcionarios estatales gestores de los apoyos y sobre todo los empresarios con los que se han asociado para la operación del equipo de futbol profesional.
La desafiliación reciente del equipo de los Tiburones Rojos de la liga de futbol decretada como sanción por el incumplimiento de pagos a los jugadores en que incurrió el empresario y político Fidel Kuri, que deja la plaza veracruzana sin espectáculo, no debería entusiasmar demasiado al gobernador Cuitláhuac García, a quien se ha visto en los últimos días considerando con “simpatía” el interés de algunos empresarios que estarían dispuestos a participar para que reaparezcan en la cancha del puerto los nuevos Tiburones Rojos.
Aunque no se ha precisado aún quienes serían los empresarios ni el alcance de las aportaciones del Gobierno de Veracruz, antes de embarcarse en un proyecto poco viable, de mercado difícil, que implica exorbitantes costos en el pago de las nóminas de jugadores y sus cartas, taquilla irregular y escasa publicidad local, deberían revisar la truculenta historia de la participación del Gobierno del Estado y su impacto presupuestal.
Goleada al erario público
En diversos grados y esquemas, los gobiernos estatales, desde el gobernador sustituto Dante Delgado (1988-1992) a Javier Duarte (2010-2016) se han vinculado a los Tiburones Rojos, en ninguno ha reportado beneficios económicos al erario público; han servido para fines políticos, tener un circo de masas en el puerto de Veracruz, escaparate para la promoción de imagen personal de los gobernantes y como pantalla para el desvío de recursos públicos.
A lo largo de los periodos de gobierno en varias ocasiones se detectaron irregularidades en el financiamiento público destinado al club de futbol, aunque nunca se aplicaron sanciones por responsabilidades debido a arreglos de inmunidad entre grupos políticos.
El iniciador del patrocinio público, Dante Delgado, adquirió en 1989 una franquicia de primera división y erogó enormes cantidades como subsidio al equipo de futbol, una sangría mensual que el gobernador Patricio Chirinos (1992-1998) decidió interrumpir, rematando el club, franquicia y jugadores a Tv Azteca, cediendo los derechos a cambio de publicidad televisiva. Pese a este precedente, Miguel Alemán (1998-2004) en 2001, por medio de uno de sus socios, Rafael Herrerías, adquirió otra franquicia de primera división y re compró la marca a TV azteca, delegó la administración del club al que le destinó elevados recursos públicos para su operación; Rafael Herrerías, de los principales beneficiados del negocio, hasta se llevó las cartas más caras de jugadores adquiridos presuntamente con recursos del Gobierno del Estado. Fidel Herrera (2004-2010) administró el declive de los Tiburones, lo sostuvo económicamente e intentó venderlo sin éxito hasta que cayeron en el descenso. En 2013, en la época más reciente, Fidel Kuri consigue el ascenso a la primera división de un equipo de su propiedad, y se arregla con el gobernador Javier Duarte para usar la marca Tiburones Rojos y utilizar en comodato el estadio de Futbol Luis Pirata Fuentes, propiedad del Gobierno del Estado. Recientemente, el canal de cable ESPN publicó un reportaje basado en información del Gobierno del Estado, en el que se presume que parte de la nómina de los Tiburones Rojos se pagaba mediante triangulaciones de una empresa, Santy Desarrolladora y Acabados SA de CV, tenida por empresa facturera por el SAT. A esta empresa el gobierno de Duarte otorgó contratos por más de 28 millones de pesos, que debieron destinarse para techos de lámina y despensas. Apenas una hebra del financiamiento público ilegal a los Tiburones Rojos en el periodo de Javier Duarte.
IPE sí, Tiburón no
Con estos antecedentes, la participación del Gobierno del Estado no debe incluir bajo ningún rubro, directo o disfrazado, la contribución con recursos económicos; debe limitarse únicamente en su caso a prestar el estadio de Futbol, sin responsabilizarse de su mantenimiento y a permitir el uso de la marca, en el supuesto que quede liberada del conflicto legal que enfrenta el empresario Fidel Kuri con la Federación Mexicana de Futbol.
En vez de subsidiar a los Tiburones, hay que subsidiar (inevitablemente) al Instituto de Pensiones del Estado.