Serpientes y Escaleras – ¿Seade le mintió al Senado?

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Salvador García Soto

Si el subsecretario Jesús Seade y el gobierno del presidente López Obrador creen que una simple carta del señor Robert Lighthizer vale más que una futura Ley del USMCA aprobada por las dos Cámaras del Congreso de los Estados Unidos, entonces es claro por qué la administración de Donald Trump hizo lo que quiso a la hora de redactar su ley para instrumentar el acuerdo comercial con México y Canadá.
La “disculpa” del representante comercial de Estados Unidos y su promesa de que los cinco nuevos agregados laborales que mandarán de Washington a vigilar y monitorear el cumplimiento de la Reforma Laboral no tendrán “facultades de inspección” en territorio mexicano, no quita el hecho de que la Casa Blanca haya actuado de manera unilateral al decidir añadir, por encima de los mecanismos de seguimiento y solución de conflictos en materia laboral (paneles de expertos) un mecanismo más de vigilancia y monitoreo al gobierno de México y del cumplimiento de las leyes en nuestro país.
Porque aunque esos agregados no actúen aquí, sí se van a encargar de mandar información y reportar información de las empresas y del gobierno mexicano a dos instancias que sí están mencionadas en la redacción del T-MEC y que tienen facultades para iniciar demandas y quejas en contra de empresas mexicanas: por un lado el Comité de Interagencias en Materia Laboral y por el otro lado el Consejo Independiente de Expertos Laborales, en el que tienen participación miembros del Senado y de la Cámara de Representantes del Congreso de EU. Y esos dos organismos sí están facultados para pedir investigaciones y sanciones en contra de empresas de nacionales que violen la ley laboral o los derechos sindicales y lo harían a partir de la información que manden esos funcionarios de la Embajada de EU en México. ¿Entonces son o no inspectores sin nombramiento esos “agregados laborales”?
Si Seade no supo realmente de la introducción de esos “agregados laborales” en la iniciativa de Lighthizer, entonces pecó de inepto o de confiado. Porque el jueves pasado, en su comparecencia ante el Senado, incluso los senadores de oposición le preguntaron sobre esa figura, mencionada por la priista Claudia Ruiz Massieu y él se dijo “sorprendido” porque la había leído en un comunicado oficial estadounidense. Una y otra vez, el negociador único en el que tanto confió el presidente López Obrador les reiteró a los senadores que “no había una negociación paralela” y que “bajo ningún motivo se aceptó” la figura de los inspectores. Una de dos: o de verdad Seade no se enteró, lo cual pondría en duda su capacidad, o supo y le mintió a los senadores, que hoy están tan enojados con él que ayer la bancada del PAN pedía su renuncia al cargo.
“Ellos llegaron aquí (al Senado) diciendo que habían logrado evitarlo y que ahora serían paneles. Y días después sale la iniciativa de ley en USA insistiendo en el tema de la inspección ahora con agregados laborales. No es creíble o bien son incapaces-ingenuos que les vieron la cara o le mintieron abiertamente al Senado”, comentó ayer el senador Damián Zepeda, quien dijo que su partido volverá a pedir una comparecencia del subsecretario Seade para que rinda cuentas bajo protesta de decir verdad, no con declaraciones a la prensa.
Por lo pronto, ni el propio presidente López Obrador aceptó la figura de los “agregados laborales” que hoy Lighthizer jura que es inofensiva. La molestia ayer en Palacio Nacional por el descuido de su negociador era real y ya había voces que incluso se pronunciaban por “medidas equitativas” dentro de las prácticas de diplomacia. “Si Washington enviará a cinco agregados laborales, México podría enviar también a su embajada en Estados Unidos igual número de agregados laborales mexicanos con el mismo argumento de que ‘apoyamos el T-MEC’ y son parte de nuestras leyes internas”. ¿Se atrevería el gobierno mexicano a responder así y tendría algún efecto real?
Por lo pronto, ayer en el Senado, tanto en la bancada oficial de Morena, como en las de oposición, defendían su “voto de buena fe”, pero cuestionaban si no se actuó con excesiva premura al pedirle (casi obligar) a los senadores que aprobaran en “fast track” el “Adendo” al T-MEC porque querían mandar una señal de certidumbre a los mercados y presionar a los Congresos de EU y Canadá que de cualquier manera siguen actuando sin prisa y se van hasta finales de enero o principios de febrero para ratificar el nuevo acuerdo comercial. Algunos senadores, que no son pocos, sienten que si a Seade se lo chamaqueó en Washington el “amigou” Ligththizer, a ellos se los chamaqueó el subsecretario en su propia casa.