Asuntos Públicos – 2020, más de lo mismo

0
62

Eduardo Coronel Chiu

Inmersos en la cuesta de enero, el realismo de los aumentos de precios y las obligaciones a plazo, así como los pronósticos especializados para el comportamiento de la economía nacional y estatal, no favorecen al optimismo para el año que comienza.
Pese a la inclinación humana de creer que sus deseos de mejoría y bienestar se harán realidad con tan solo desearlos y conferirle un secreto efecto de voluntarismo feliz al cambio de calendario, no hay en el entorno factores que apunten a que este nuevo año será mejor que el anterior.
Aunque la vida social no se repite, los procesos económicos y políticos y las situaciones problemáticas en curso, de no tener intervenciones extraordinarias –que no se vislumbran, aun es aventurado suponer el inicio de una tercera guerra mundial desatada por el conflicto USA-Irán– en el ámbito nacional mantendrían sus tendencias y características, por tanto no serían muy diferentes a lo que ya vivimos en 2019.
En materia económica, del estancamiento económico, se pronostica se podría pasar a un magro crecimiento, insuficiente para las necesidades del país y del estado. Y sin este motor encendido debido a factores externos del ciclo económico mundial, pero también a la falta de confianza de inversionistas a la caprichosa política de López Obrador, tampoco pueden considerarse mejorías en la creación de empleos, derramas de ingresos o disminución de pobreza, que no sea la focalizada en los subsidios de los programas clientelares.
Populismo, clientelismo y propaganda
En materia política, cuando despertamos al año nuevo, el dinosaurio todavía estaba ahí. El gobierno de Morena que encabeza Andrés Manuel López Obrador y sus réplicas estatales, como en Veracruz, Cuitláhuac García, viven en una burbuja de autocomplacencia, desbordados por los problemas y sin visos de que vayan a modificar sus políticas públicas, las cuales ya mostraron su incapacidad como soluciones.
Mareados aún por el excesivo poder conferido por las elecciones de 2019 en las que capitalizaron el hartazgo ciudadano al viejo sistema de partidos, y sin contrapesos, no se espera de ellos, ninguna rectificación. Encubriendo su proyecto de centralización del poder, extendido a la colonización de los órganos autónomos, ostentándose como encarnación y voz del pueblo, tampoco se espera alguna apertura para una mayor participación de otras fuerzas o corrientes de opinión en la toma de decisiones. Morena y AMLO sostienen una visión no solo personalizada y caprichosa del poder sino monolítica, así que es previsible persista la negativa a debatir los temas de interés colectivo y menos a incorporar a la disidencia, salvo en las formas simuladas, como “consultas a modo” o “debates mayoriteados”, que aseguren el predominio de su punto de vista y que validen sus decisiones unilaterales.
La polarización del país –entre los buenos, ellos, y los malos, estos etiquetados con innumerables calificativos, incluso ofensivos, todos los demás que no estén de acuerdo con su proyecto, retórica fundamental en el discurso del líder– seguro estará presente en este segundo año de gobierno. Seguirán sus proyectos económicos y sociales favoritos, con todo y la cuestionada viabilidad de los primeros, el aeropuerto de Santa Lucía, la Refinería de Dos Bocas y su apuesta obsoleta por Pemex, y el Tren Maya, y el objetivo clientelar para mantener redes de apoyo político y electoral, de los segundos, adonde aplica cuantiosos recursos presupuestales, regala dinero público sin atender de fondo la pobreza.
Como el “líder nunca se equivoca”, no se prevén cambios en la estrategia de seguridad pública, no obstante el evidente fracaso de las mesas de seguridad y la política de abrazos y perdones y la Guardia Nacional en funciones de policía migratoria, la incontenible violencia criminal y el control armado de los cárteles en varios puntos del país, todavía se intenta tapar echando la culpa a los antecesores y más recientemente –como es el caso de Veracruz–, con el maquillaje de las cifras de incidencia delictiva o el inexistente “punto de inflexión” referido por el secretario de seguridad Alfonso Durazo, unos días antes de que sucedieran los penosos casos del sitio de Culiacán, la fallida aprehensión del hijo del Chapo y la matanza a la familia Lebaron en Chihuahua.
Si todo gobierno (y otros actores políticos) utiliza la propaganda, los mensajes orales y escritos, símbolos y ritos, de modo deliberado y sistemático como instrumento para crear percepciones, actitudes, conductas y aceptación en el público receptor, Morena y López Obrador la tienen como su principal herramienta de gobierno. A falta de logros, propaganda. El mismo líder AMLO es el centro emisor de la extensa campaña de propaganda. Es profusa, diaria, mañanera y diversa en los distintos medios de comunicación, incluidas las redes sociales, la difusión sesgada de su realidad alternativa, sus otros datos, no pocas veces equivocados o falsos que buscan legitimar las acciones de su gobierno. Era un propagandista en la oposición y lo es desde el gobierno, el uso de la historia y el mito de la 4T, del cura Hidalgo y Benito Juárez al Benemérito López Obrador, como su santa austeridad y que ya acabó con la corrupción por decreto, con todo y Bartlett y las adjudicaciones directas a cercanos de Morena, son solo algunos capítulos del redentor de la patria y su demagogia de manual, de los muchos más que pondrán en escena este año AMLO y sus acólitos.
Veracruz fallido
Como el gobernador Cuitláhuac García en Veracruz. Aunque este es apenas una sombra del líder, un repetidor con poca coherencia verbal de spots y consignas, a quien la parálisis económica del estado, la desbordada delincuencia y las deficiencias en los servicios públicos, lo hacen ver en tan solo un año como un gobernante fallido junto su equipo de colaboradores improvisados e incompetentes.
Demasiado poder, pocos resultados
Morena obtuvo demasiado poder político para los escasos resultados que rindieron en su primer año. Pero con propaganda pretenden tapar la realidad. 2020 en materia política será más de lo mismo, para empezar no hay elecciones importantes, ninguna de gobernador, la oposición política no se ha repuesto de la barrida electoral de 2019, mientras que la crítica al grupo gobernante subsiste, en cierto modo como información argumentada y también directa, coloquial (y hasta grosera o burlona), dirigida a ciudadanos, variantes de contra propaganda en el esfera pública.
La representación política se volverá a probar ante los ciudadanos hasta el siguiente año, en 2021, sobre todo por la renovación de la Cámara federal de Diputados y en Veracruz, además, en las locales para ayuntamientos y Congreso del Estado. Ya se verá si 2020 sirve de preparación para alternativas políticas o seguirá avanzando la regresión democrática en su distorsión populista.