Asuntos Públicos – Salud pública, otra raya más

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Eduardo Coronel Chiu

Como piñata le ha ido en los medios de comunicación al Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI), el nuevo sistema federal de salud pública, universal y gratuito, para personas carentes de servicios de seguridad social (alrededor de 69 millones de mexicanos), el cual sustituyó a partir del inicio del año al llamado Seguro Popular, de objetivos similares, aunque éste con previsiones de cobros de cuotas de recuperación a los usuarios. ¿De dónde se va a financiar?
Plagado de carencias, improvisado, crea incerdidumbre
A la segunda semana de haber iniciado sus funciones el INSABI, se instaló una fuerte corriente de quejas y críticas a distintos aspectos del nuevo sistema en la agenda de información nacional y en estados. Entre los que participan en las opiniones en el espacio público, periodistas, presuntos expertos del sector salud y del sector financiero, se observa un consenso en señalar grandes omisiones; de reglas de operación, presupuesto firme, o plan de transición. Se le califica de un proyecto de buenas intenciones pero improvisado en su implementación, que ya causa problemas, estos en buena medida referidos por usuarios, de falta de información en las redes hospitalarias, cobros indebidos y falta de medicamentos. Además se cuestiona también la falta de perfil profesional del titular del INSABI, Juan Antonio Ferrer, es arqueólogo pero tabasqueño.
Partidización
A la polémica se suman abiertos posicionamientos políticos, el PAN con la línea más crítica, lo reprueba (el Seguro Popular data de 2004, del periodo de Vicente Fox), y un grupo de gobernadores de este partido, entre ellos, Aguascalientes, Querétaro, Tamaulipas y Yucatán se niegan a firmar el convenio con el gobierno de López Obrador; los del PAN pretenden plantear un esquema alternativo o modificatorio al INSABI. En la otra esquina, la defensa al INSABI es también política e ideológica, obviamente lo destaca su promotor, el presidente AMLO, es una de sus promesas campaña, a la vez, que extermina el Seguro Popular, al que califico de foco de corrupción y de haber buscado privatizar los servicios; el respaldo viene igualmente de los gobernadores de Morena, como Veracruz, la Ciudad de México, Tabasco y Chiapas, quienes se apresuraron a “acatar” la voluntad del líder.
La polarización del debate
Al amparo del Seguro Popular se realizaron grandes desvíos de recursos (Veracruz es un ejemplo) y nunca hubo una corriente crítica como la desatada por el INSABI.
La embestida crítica al INSABI y la rapidez y fuerza con que el tema se metió a la agenda de medios puede ser en parte por las observaciones de improvisación y omisiones que se le señalan al nuevo sistema, el chambonismo y voluntarismo con que el gobierno de AMLO suele querer forzar la realidad, pero también puede deberse a la resistencia y confrontación, así sea ideológica o de opinión, con la terquedad del presidente AMLO, una postura contestataria al discurso intolerante, de odio y polarización que cultiva puntual y diariamente desde su púlpito presidencial. Las reacciones al INSABI son una de sus cosechas.
En Veracruz, ¡que a Chuchita la bolsearon!
En Veracruz, los problemas del INSABI y la desaparición del Seguro Popular, quedaron tapados por las quejas de falta de medicamentos; la semana pasada hubo varias manifestaciones de familiares de enfermos por desabasto de medicinas e interrupción de tratamientos médicos, de las más visibles las de pacientes de cáncer en Xalapa y Veracruz. Además de los brotes de epidemias, como el dengue, una constante queja para el sector salud del estado ha sido el desabasto, un problema extendido en el país a causa de un cambio en la política del compras del gobierno de López Obrador que alcanzó a sus estados satélites como Veracruz, aunque el gobierno de Cuitláhuac alcanzó a disponer en los primeros meses de recursos entregados sin concurso a empresas vinculadas a Morena y otras que ya estaban aquí.
Pero el desabasto tiene una de sus causas en la decisión de centralizar y consolidar las adquisiciones de salud de todo, todo, todo, en la Secretaría de Hacienda. El abrupto cambio provocó desfasamientos y cuellos de botella a procesos administrativos y probablemente algún juego proveedores, situación inspiradora de relatos oficiales de conspiraciones de malandros del mercado, las grandes farmacéuticas, a las que por cierto, terminaron comprándoles.
La canasta de cuentos y excusas de Cuitláhuac para el desabasto de medicinas –no se sabe si de su propia fuente o alimentado por Besitos Ramos Alor– sorprendió por su innovación. Ante las protestas se le ocurrió una trama de conspiración política, varios presuntos robos a los almacenes de medicinas del Gobierno del Estado perpetrados por agentes de un bando político enemigo, con la finalidad de “hacer ver mal a su gobierno” y que recibiera los reclamos de la población. Como otras tantas denuncias temerarias, sin pruebas, utilizó como salida verbal, el supuesto robo del almacén de medicinas con fines políticos. Con tal de eludir su responsabilidad, Cuitláhuac es capaz de inventar; sí compraron las medicinas, pero no hay “porque a Chuchita la bolsearon”.

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