Historias de Negoceos – AMLO y la economía: una mala combinación

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Mario Maldonado

El presidente Andrés Manuel López Obrador no entiende que no entiende —como diría el clásico que le recetó The Economist a Enrique Peña Nieto en 2015— y aun así se empeña en llevar las riendas de la política económica, en lugar de darle independencia a su secretario de Hacienda, Arturo Herrera, de quien ha dicho que es un “tecnócrata de los buenos”.
Su primer año de gobierno fue muy malo en términos económicos, en buena medida por las decisiones y políticas erráticas, entre ellas la de cancelar el aeropuerto de Texcoco, regresar a un nacionalismo mal entendido en el sector energético y otras iniciativas de legisladores de su partido (Morena), las cuales ahuyentaron la inversión y frenaron la actividad productiva. El resultado: un crecimiento cero —en el mejor de los casos— para 2019.
Andrés Manuel López Obrador no sólo perdió su apuesta con los mercados y los analistas financieros, a quienes les aseguró que el país crecería cuando menos 2%, sino que se quedó sin argumentos, pues no logró ni la mitad del crecimiento ‘mediocre’ de los periodos neoliberales a los que vapuleó como oposición, como candidato y como Presidente electo.
Ya terminó el año y las noticias negativas siguen acumulándose: hace unos días el IMSS reportó que en diciembre se perdieron 382 mil 210 empleos formales en el país, la mayor cancelación de plazas laborales desde 1997, año que comenzó a reportarse este dato; mientras que la inversión fija bruta —la que ejercen las empresas en ‘fierros’ cuando expanden sus líneas de producción o instalan una nueva fábrica— se desplomó 8.6% en octubre. “Ese indicador —el de inversión— es el que más me preocupa”, me dijo ayer el economista en jefe de Bank Of América, Carlos Capistrán.
Capistrán dijo que la perspectiva de crecimiento económico para México es de apenas 0.9% este año. Llevamos 15 días de 2020 y tres entidades importantes ya recortaron sus proyecciones. Además de Bank Of America, CitiBanamex bajó de 1.1% a 1% la estimación de crecimiento del PIB, mientras que el Banco Mundial lo hizo de 2% a 1.2%.
Las expectativas del mercado están muy lejos de las del gobierno federal, que estima que la economía mexicana crecerá en un rango de 1.5% a 2.5%, es decir, un promedio de 2%. Y Hacienda no prevé modificar sus expectativas al menos hasta el segundo semestre.
Arturo Herrera confía en que los proyectos de infraestructura anunciados en noviembre por un total de 859 mil millones de pesos y la eventual ratificación del T-MEC (que según el subsecretario Jesús Seade es ‘pan comido’, aunque en Estados Unidos no piensan lo mismo) le darán un empuje adicional a la economía, amén del esperado anuncio de inversión en el sector energético que se llevará a cabo en febrero.
El acuerdo de inversión privada en el sector energético será la ‘última llamada’ del gobierno del presidente López Obrador para recobrar la confianza del sector privado. Un anuncio sin sorpresas positivas, como la reapertura de las rondas de hidrocarburos, los farmouts o las subastas eléctricas terminará con una nueva baja en la calificación de la deuda de Pemex y del gobierno.
La última vez que platiqué con Arturo Herrera me dijo que tras el refinanciamiento de casi 30 mil millones de dólares de deuda de Pemex el año pasado, un ‘pequeña’ noticia como la de abrir una parte de las rondas petroleras o bien otros proyectos atractivos sería suficiente para disuadir a las calificadoras de bajar, de nueva cuenta, la calificación.
No obstante, el analista en jefe de Bank Of America considera altamente probable que Pemex pierda su segundo grado de inversión —Fitch ya se lo quitó y seguiría Moody’s—, lo que a su vez detonaría una salida de capitales de la petrolera estatal que lleva a cuestas Octavio Romero.
Por lo pronto, de los casi 105 mil millones de dólares que arrastra Pemex de deuda, al menos 10 mil millones estarían sujetos a ser vendidos por parte de los inversionistas que no podrían mantener bonos de un emisor que ha perdido dos grados de inversión.
El impacto de una noticia así sería inminente para la calificación soberana y para las finanzas públicas.
De configurarse este panorama estaríamos ante una trayectoria negativa, y quizá definitiva, de la economía mexicana.
Más le valdría al gobierno de la Cuarta Transformación atender los llamados de los mercados, que de una y muchas formas le gritan al presidente de México que su intromisión en la economía –y sus mensajes a los inversionistas– son una muy mala combinación.